viernes, 12 de junio de 2009

Imagen Reflexiva

"La Venus del espejo". Diego Velázquez. 1648

Una interpretación de la imagen de referencia:

Venus, diosa del amor, es el tema pictórico de Velásquez en este cuadro. Se trata de un contenido mitológico en el cual el autor construye su propia versión y, lejos de idealizar a Venus, la representa desde una visión real y cotidiana, es decir, humaniza al mito. Las diversas lecturas sobre esta pintura coinciden que el Cupido –dios de los enamorados, cuyo nombre en latín significa deseo-, sostiene el espejo en el que Venus no se contempla a sí misma sino directamente al espectador. A su vez, Cupido –representado por un niño alado- se encuentra prisionero de la belleza de la diosa, tendida sobre una cama.

Nuestra interpretación de este cuadro radica en cómo, dentro de la escena, se conjugan dos universos, el mundo mitológico y el terrestre simbolizado en la presencia de la Venus humanizada y el Cupido, cuya figura coincide más bien con la visión clásica. El espejo, creemos, funciona como umbral intermedio entre las nociones de amor y belleza como soporte sobre el cual se cruzan las miradas: la del pintor, la de la Venus y la del espectador. Nos da la sensación que en el cuadro, además, exista implícita una noción clara de la presencia tácita del espectador posible, quien es invitado a mirar una escena de intimidad. Por último, subrayamos la presencia del espejo donde se refleja el rostro de la Venus, y que en conjunto podría remitirnos al mito de Narciso, en este caso presente en lo femenino.


Reinterpretación


La idea matriz de nuestro cambio de sentido radicará en contextualizar este mito sobre la belleza y adaptarlo a los valores de la sociedad en la que vivimos. En primera instancia, se trataría de cuestionar la idea de belleza griega, es decir, los fundamentos de su pensamiento clásico basado en "lo bueno, lo bello y lo verdadero". Y en segunda instancia, darle un giro a la concepción del amor, en tanto éste se pone en práctica cuando las relaciones en nuestros días son, muchas veces, mediadas-mediatizadas a través de la tecnología: el chateo y la webcam. Aquí estaríamos presentando, además, cómo las personas construyen una "ilusión del amor", algo que si bien en el fondo tiene que ver con Cupido y su intervención, el destino o el azar, se trata, en nuestro caso, de un falso "efecto de enamoramiento", una construcción mental y provocada, una necesidad fabricada, etc. El espejo que sostiene Cupido, en el cuadro original, se convertirá en un computador portátil, vehículo de encuentro, generador de pensamientos y emociones surgidas a través del intercambio digital de la imagen y la palabra. Este artefacto servirá de soporte para reflejar en el rostro de un interlocutor al otro lado. El monitor, a su vez, se convierte en la superficie virtual donde hacemos reflejar la imagen de nosotros mismos que queremos dar a conocer al otro. Cupido será, en nuestra interpretación, en una niña, hija de la muchacha –Venus- quien estará dentro de la escena sosteniendo la pantalla y llamando la atención de su joven madre, ocupada en contemplar el rostro del otro y que a su vez, aunque no se evidencia, estará viendo el rostro de nuestra Venus moderna, vestida con ropa interior, en cuyo cuerpo habrán tatuajes, etc. Nuestra versión intentará mantener las perspectivas y temperaturas de tonos del cuadro original.

jueves, 4 de junio de 2009

Expresivas